Las Muletas
(Cuento indio)
“Había una vez un país donde todos, durante muchos años, se habían acostumbrado
a usar muletas para andar. Desde su más tierna infancia, todos lo niños eran
enseñados debidamente a usar sus muletas para no caerse, a cuidarlas, a reforzarlas
conforme iban creciendo, a barnizarlas para que el barro y la lluvia no las estropeasen,
pero un buen día, un sujeto inconformista empezó a pensar si sería posible prescindir
de tal aditamento. En cuanto expuso la idea, los ancianos del lugar, sus padres y
maestros, sus amigos, todos le llamaron loco:‘Pero, ¿a quién habrá salido este
muchacho? ¿No ves que, sin muletas, te caerás irremediablemente? ¿Cómo se te
puede ocurrir semejante estupidez?’. Pero nuestro hombre seguía planteándose la
cuestión. Se le acercó un anciano y le dijo:‘¡Cómo puedes ir en contra de toda nuestra
tradición! Durante años y años, todos hemos andado perfectamente con esta ayuda.Te
sientes más seguro y tienes
que hacer menos esfuerzo con las piernas: es un gran
invento. Además, ¿cómo vas a despreciar nuestras bibliotecas donde se concreta todo
el saber de nuestros mayores sobre la construcción, uso y mantenimiento de la
muleta? ¿Cómo vas a ignorar nuestros museos donde se admiran ejemplares
egregios, usados por nuestros próceres, nuestros sabios y mentores?’.
Se le acercó después su padre y le dijo: ‘Mira niño, me están cansando tus originales
excentricidades. Estás creando problemas en la familia. Si tu bisabuelo, tu abuelo y tu
padre han usado muletas, tú tienes que usarlas, porque eso es lo correcto’.
Pero nuestro hombre seguía dándole vueltas a la idea, hasta que un
día se decidió a ponerla en práctica. Al principio, como le habían advertido, se cayó
repetidamente. Los músculos de sus piernas estaban atrofiados.
Pero, poco a poco, fue adquiriendo seguridad y, a los pocos días, corría por los
caminos, saltaba las cercas de los sembrados y montaba a caballo por las praderas.
Nuestro hombre del cuento había llegado a ser él mismo”


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